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El español, desde las lenguas romances

Las lenguas romances, que cubren gran parte de Europa Occidental, y la enorme mayoría de América, así como una gran porción del territorio del continente de África, en su parte más norteña, son hoy en día un grupo importante de idiomas que tiene todos una misma fuente, u origen. Esto es: el latín, la lengua que se hablaba en el Imperio Romano, pero no en toda su extensión, ya que este logro cubrir una importante porción de la tierra que se conocía por esos tiempos, haciendo de esta una de las culturas clásicas de la civilización en el hemisferio occidental del planeta, siendo catalogada de esta manera, junto a Grecia, como la Cuna de la Civilización. Y por esa misma gran extensión en su territorio, se topó muchas veces con otras lenguas, llamada por los miembros del imperio vulgares, que eran el idioma que se hablaba en las diferentes partes donde ellos llegaron, haciendo que una vez conquistados, debido a la invasión que también era cultural, su lengua nativa se mezclara con la romana, el latín, surgiendo así  las romances o románicas que conocemos y hablamos hoy. Durante la llegada de los romanos, por ejemplo, a la península ibérica las lenguas que se hablaban en esta parte de Europa eran el íbero, vasco, celta, entre muchos otros, haciendo que la mezcla  que se produjo luego como resultado sea el español, pero no el que hoy conocemos, debido a que un alengua siempre mantiene un proceso evolutivo, justamente porque en el camino se encuentra con otras lenguas con las que constituye un nuevo lenguaje, o esas otras hacen que desaparezca dándole paso a una nueva. Junto a este proceso lingüístico-cultural se da uno que va paralelo, el cual es el de construir una identidad a la sombra del hablar, mediante la cual se va unificando, en sus formas y significados lo que quiere decir un pueblo en común, creando uno de los elementos de nación por una parte pero también el de un idioma, que quiere decir una lengua que se comparte y mediante la cual el proceso de la comunicación se hace eficaz entre emisor y receptor, este es el caso, como se había puesto el ejemplo del idioma español, el cual se habla hoy ya no sólo en un  territorio conjurado por el nombre de país, sino que se extendió, incluso a nuevos continentes (América y África), mediante la acción de la colonización. De esta manera confluyen muchas formas, gracias a las cuales se crea esa fuerza de la lengua para cerrar un grupo que pueda luego interactuar con otro, mediante el contacto de nuevos pueblos que puedan, además identificar al otro como un grupo en sí, con lo cual se va originando contactos que dentro del campo de la lengua necesitarían de intermediarios, y es aquí donde entra la función importante de un traductor de idiomas, que durante los principios de la lenguas romances, tenía en común estar muy cerca a la fuente, ya que proviniendo del latín, en un primer momento tenían más en común de lo que tiene hoy, que aún así es bastante, lenguas como el español, francés, portugués o italiano que con los siglos han evolucionado hacia formas más individuales (aunque no del todo, pues es altamente identificable lo común de estas lenguas)  Así, desde su fusión con el latín hasta hoy las lengua romances, como todas las lenguas mantiene cambios en su forma, influyendo no sólo en lo lingüístico sino también en o cultural.

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