Blogia
language

Historia de amor entre dos idiomas

 Debo admitir que mi dominio del inglés es aun muy precario. Aunque lo aprendí a edad muy temprana, pues en el jardín de infantes recibí clases, conforme pasaron los años me fui desentendiendo un poco, olvidándolo, tal vez sin querer, mostrando mi orgullosa condición de hablante castellano que no creía en la universalización del idioma que inmortalizaran Shakespeare, Faulkner, Dylan y otros. Pero a cada instante, me enfrentaba a una barrera infranqueable debido a mi desconocimiento del idioma, al escuchar canciones de mis bandas favoritas, al intentar leer alguna buena novela o poemario, al querer revisar algún artículo interesante o simplemente al tropezarme con algún nativo angloparlante con el que podría haberme comunicado y entendido si me hubiera tomado la molestia de estudiarlo. Pero los inconvenientes fueron creciendo, y el malestar fue tornándose incómodo, y en ocasiones, perjudicial para mis expectativas. Esto se evidenció de manera cruda y real cuando conocí a través del Chat a una hermosa y voluptuosa mujer radicada en Texas, USA. La química visual al menos fue inmediata. Ella vio mi foto, yo vi la suya y el flechazo fue rotundo. Al principio mi discurso cargado de monosílabos, imágenes y clichés lingüísticos tomados de canciones, slogans y frases comunes, me hizo dudar sobre el futuro de nuestra estrenada amistad. Ella tenía conmigo mucha paciencia, pero a veces los silencios parecían eternos, yo llevaba dentro mío un caudal de ideas y pensamientos que deseaba comunicarlos, y a su vez, ella me escribía de manera tan simple y pre escolar para que yo pueda entenderla,  me imagino también con la sensación de querer decirme algo más que eso. Bueno pues, me inscribí inmediatamente en un curso de inglés, al menos tenía la base, buena pronunciación, las reglas algo claras y la facilidad de haberlo estudiado a la edad considerada como favorable para familiarizarse con las lenguas extranjeras. Solo debía ponerme al día en la sintaxis del inglés, las reglas gramaticales y delimitar claramente la diferencia estructural entre este idioma y el castellano, pues este es un problema bastante común entre los que desean aprender una nueva lengua o idioma. Con mi diccionario Oxford bajo el brazo, asistí puntualmente a mis clases de inglés durante 6 meses, intentando ver películas sin leer los subtítulos y pegando el oído a los parlantes para intentar entender lo que cantaban mis bandas favoritas, como Modern English,  Aztec Camera, Tears for Fears o English Beat. Pasé del inglés limitado y vergonzoso a poder construir oraciones con sentido, simples pero comprensibles, a dominar un poco más los diferentes tiempos verbales, a manejar un número considerable de sinónimos y antónimos, a entender mejor el sentido de frases y figuras idiomáticas, en fin, logré comunicarme de manera simple pero eficaz, a entender mejor y a hacerme entender mejor. Nuestra comunicación se volvió más fluida, y la chica de Texas empezó a llevarme hacia las desiertas y calurosas tierras sureñas, al menos en sueños. Su inglés me cautivó, pues descubrí la ternura de sus palabras, y detrás de ellas, un espíritu cargado de buenas vibraciones. Ella empezó a aprender algo de castellano y a decirme “te quiero”. Creo que después de eso, estudiar inglés fue la mejor inversión que hice en mucho tiempo.

0 comentarios